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BLOG / Un sonoro fracaso

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Un sonoro fracaso

Un libro recorre la historia de Apple Corps, la aventura empresarial con la que los Beatles pretendieron instaurar “una especie de comunismo occidental”

En 1968 los Beatles tenían el mundo en sus manos. Brian Epstein había cumplido su promesa de convertir a la banda en el mayor fenómeno de la historia del rock, superando a Elvis Presley. Según John Lennon, por entonces eran incluso “más grandes que Jesucristo”. Con la publicación un año antes del revolucionario Sgt. Pepper’s Lonely Hearts Club Band noquearon a la competencia (Rolling Stones, Kinks, Beach Boys) y cosecharon el aplauso unánime de crítica y público. Estaban en disposición de hacer lo que les viniera en gana. Cualquier locura. Y lo hicieron. Lo cuenta el periodista Tomás Crespo en el libro La manzana envenenada (Cuarentena Ediciones).

El 14 de mayo, los Fab Four dieron una rueda de prensa en Nueva York para dar a conocer un nuevo proyecto llamado Apple Corps. “Es un negocio que tiene que ver con los discos, las películas y la electrónica (…) Queremos organizar un sistema por medio del cuál la gente a la que le apetezca hacer una película sobre lo que sea no tenga que arrodillarse en la oficina de alguien, probablemente la tuya”, le espetó John Lennon a un periodista. La filosofía de la empresa perseguía “conseguir la libertad artística dentro de una estructura empresarial, crear cosas bonitas y venderlas sin cobrar tres veces lo que nos cuesten. Una especie de comunismo occidental”, añadió Paul McCartney.

Sin cuestionar estas loables intenciones, el origen de Apple Corps también escondía un motivo no tan altruista. Los contables les habían informado de que disponían de dos millones de libras esterlinas que, o bien las invertían en un proyecto empresarial, o iban a parar directamente a las arcas de la Hacienda británica. Unos meses antes, en diciembre de 1967, había abierto sus puertas en el número 94 de la céntrica Baker Street de Londres la Apple Boutique, una tienda que vendía ropa, complementos y merchandising de la banda. Los pisos superiores acogieron las oficinas de la nueva compañía.

La idea original era que Apple Corps fuera un conglomerado de empresas dividido en cinco grandes áreas: Electrónica, Películas, Derechos de Publicación, Discos y Venta al Público. En abril de 1968, los Beatles insertaron un anuncio en las revistas Melody Maker y New Musical Express invitando a los aspirantes a enviar sus proyectos artísticos. A los pocos días, las oficinas de Baker Street se vieron inundadas de maquetas, guiones cinematográficos y todo tipo de proyectos culturales más o menos alocados.

Finanzas caóticas

A pesar de la oposición del productor George Martin, los Beatles tuvieron la insensata ocurrencia de elegir como consejero delegado a Neil Aspinall, amigo del colegio de Paul y George y ex asistente personal del grupo, quien carecía del más mínimo conocimiento empresarial. Sin una figura como la de Brian Epstein para poner algo de cordura –el lúcido mánager que había dirigido la carrera de la banda desde sus comienzos falleció el 27 de agosto de 1967– y ¡sin un plan de negocio! Apple Corps estaba destinado al fracaso desde el mismo momento en que se puso en marcha.

Sin embargo, los lanzamientos iniciales fueron todo un éxito. Contra lo que podía esperarse, la referencia número uno de Apple no fue un disco, sino la película de animación Yellow Submarine. Aunque los Beatles apenas se involucraron en el proyecto (ni siquiera pusieron las voces a sus personajes), ya que se encontraban inmersos en la grabación de su disco homónimo, conocido por todos como el Álbum Blanco. Hey Jude (con Revolution en la cara B) fue el primer vinilo con el logo de Apple impreso en la galleta. Y, pesar de sus siete minutos de duración, algo inusual para la época, se convirtió en el single más vendido de toda la discografía de los Beatles. Pero no todo iban a ser buenas noticias. Apenas seis meses después de su apertura, Apple Boutique echó el cierre.

La política de contratación de artistas tampoco obtuvo los resultados esperados. El catálogo se amplió con los fichajes de Mary Hopkin, una galesa de 18 años sin apenas experiencia musical, Jackie Lomax, James Taylor, The Modern Jazz Quartet, Billy Preston, Ravi Shankar, Yoko Ono, Elephant´s Memory y Doris Troy. Únicamente Badfinger asomaron la cabeza en las listas de ventas, despachando un millón de copias de Come And Get It, una canción escrita por… Paul MCartney. Ni siquiera los ingresos obtenidos con las ventas de los discos de los Beatles, juntos o por separado, pudieron sostener las caóticas finanzas de Apple. Así lo recuerda Ringo Starr: “Teníamos como unas mil personas en plantilla que no eran necesarias. Pero todas se lo pasaron en grande. Se les pagaba por sentarse en una silla. Teníamos hasta un tío contratado para que leyera las cartas del tarot. Era la locura”.

Y no, la culpa de todo no la tuvo Yoko Ono. El fracaso de Apple Corps también contribuyó a acelerar el deterioro de las, ya por entonces, maltrechas relaciones entre los cuatro beatles, que anunciaron su separación definitiva en 1970. En opinión de John Lennon fue “tras la muerte de Brian [Epstein] cuando los Beatles comenzaron a desintegrarse lentamente. Era obvio en la India, cuando George y yo nos quedamos y Paul y Ringo se marcharon. Era obvio en el White Album. Se nota en Let It Be. Es algo natural. No es ninguna catástrofe. La gente sigue hablando de la separación como si fuera el fin del mundo. En realidad es solo un grupo de rock. Si te apetece recordar los viejos tiempos puedes escuchar los discos. Siempre tendrás toda esa gran música”.

Apple Corps sobrevivió al final de los Beatles, aunque no por mucho tiempo. En 1975, tras siete años de actividad, 65 elepés, 120 singles y 8 películas estrenadas, entró en hibernación. John, Paul, George y Ringo se desligaron de forma paulatina de la compañía y ficharon por otros sellos discográficos. El sueño había terminado.

 

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